Ver mucha television hace daño

Julio 7, 2009

Dejar a nuestros hijos frente al televisor por demasiado tiempo, puedeo provocaar que se vuelvan retraidos y no tengan ganas de jugar como cualquier otro niño de esa edad, por eso debemos ser mas responsables con ellos ya que esta en nuestras manos el cuidado de nuestros niños, y es muy importante que pongamos atención al tiempo que pasan frente al televisor, computadora y juegos de videos, recordemos que no son niñeras, y que el tiempo que pasemos con ellos durante el día, es el más valioso.


humillación

Julio 15, 2008

La humillación conduce a la humildad, como la paciencia a la paz y el estudio a la ciencia. (San Bernardo)

 

Si pudieras llegar a amar la humillación y la contradicción, habrías dado un gran paso hacia Dios. (Robert de Langeac)

 


Dios

Julio 15, 2008

La definición más común de Dios es como ser supremo, omnipotente, omnipresente y omnisciente. Creador, protector, juez y, en algunas religiones, salvador del universo y la humanidad. No es posible definirlo como algo conocido y establecer una descripción exacta y certera, por lo que la aceptación de su existencia y presencia viene dada por cada individuo, basándose en alguna de las religiones del mundo o por experiencia propia. Sobre esta definición existen variaciones:

  • Dios como ser capaz de insuflar el aliento adecuado que permite a sus adoradores sostener el sistema de autogobierno que él mismo define en un compendio de leyes, normas y/o principios catalogados en una colección de libros definidos como sagrados por sus seguidores, y cuyos redactores humanos declaran haber sido guiados por la iluminación de ese Dios. Al insuflar ese poder, no causa sufrimiento añadido al sistema de vida rutinario.
  • Dios como ser capaz de someter voluntades.
  • Dios como algo supremo, pero no necesariamente como un ser.
    • Algunas ideas sobre Dios pueden incluir atributos antropomórficos: sexo, nombres concretos e incluso exclusividad étnica, mientras que otras ideas son meramente conceptos filosóficos.
    • La idea de Dios suele ir entremezclada con la definición de verdad, en la que Dios es la suma de todas las verdades. Desde esta perspectiva, la ciencia es sólo un medio de encontrar a Dios.
    • Existen divergencias al definir a Dios, bien como una persona o, más bien, como una fuerza o impulso impersonal. También son diversas las formas en las que se entiende que Dios se relaciona con el hombre y la apariencia que Dios tiene.
    • Algunas concepciones de Dios se centran en una visión de éste como una realidad eterna, trascendente, inmutable y última, en contraste con el universo visible y continuamente cambiante.
  • En algunas religiones y corrientes filosóficas, Dios es el creador del universo.
  • Algunas tradiciones sostienen que, además de creador, Dios es conservador (teísmo), mientras que otros opinan que Dios es únicamente creador (deísmo).
  • Principalmente, a Dios se le atribuyen omnipotencia (todo lo puede), omnisciencia (todo lo sabe), omnipresencia (todo lo abarca) y omnibenevolencia (es absolutamente bueno). Sin embargo, no todos afirman que Dios es moralmente bueno. Mientras que algunos consideran que Dios representa lo moralmente bueno, admitiendo que existe una definición objetiva de lo bueno y lo malo, para otros Dios está por encima de la moralidad, o la determina, de manera que es bueno lo que Dios quiere que sea bueno. No todos sus atributos concuerdan, apareciendo contradicciones que hacen a los críticos negar que Dios pueda tener a la vez los cuatro atributos indicados. Por ejemplo, se afirma que si Dios es el creador omnipotente, omnisciente y el único juez, entonces al crear a la humanidad, incluidos ateos y paganos, sabe cómo será su comportamiento y tendrá que enviarlos al infierno. Este Dios no puede, por tanto, ser bueno desde el punto de vista de todos los humanos, del mismo modo que algunos afirmarán que no todos los humanos son buenos desde el punto de vista de Dios. Éste, el problema de la existencia del mal, es uno de los obstáculos planteados por los escépticos para aceptar ese concepto de Dios. Los creyentes suelen alegar el «libre albedrío» de los seres humanos para explicar el mal en el mundo, aunque ese argumento no sirve para explicar el mal en la Naturaleza (aunque no está del todo definido el concepto de mal en la Naturaleza, pues existe el problema de que, si el bien y el mal es cuestión de opción hecha (por libertad o razonamiento), la Naturaleza carece de este tipo de opciones, simplemente es como es); y por otra parte, los críticos no consideran compatibles la omnipotencia y la omnisciencia de Dios con el libre albedrío, alegando que si Dios todo lo puede, intervenir implicaría obstaculizar la libertad del ser humano; o el saberlo todo implicaría también que no hay nada dentro de la libertad del ser humano que no esté previamente fijado y dicho. Al respecto de la omnipotencia, se contrapone la característica omnibenevolente de Dios, que al poderlo todo no necesariamente lo hace, sino que deja al ser humano actuar de acuerdo con la característica libre con que lo creó en un inicio y no interfiere, ya sea por apatía o placer (lo que de nuevo contradiría la benevolencia de Dios), o por respeto (nacido de su benevolencia) a la naturaleza con que fue creado el hombre.
  • La teología negativa (o vía negativa) aduce que no se pueden determinar afirmaciones concluyentes sobre los atributos de Dios, mientras que los agnósticos consideran que el limitado conocimiento humano no permite obtener pruebas concluyentes de qué o cómo es Dios. Algunas costumbres relacionadas con el misticismo establecen unos límites al poder de Dios, al considerar que la naturaleza suprema de Dios no deja lugar a la casualidad.
  • La concepción de Dios como ente individual es una característica del monoteísmo, pese a que no existe una definición exacta y concreta del monoteísmo. Las diferencias entre monoteísmo y politeísmo dependen de la tradición de los pueblos (ver Trinidad, Dualismo y Henoteísmo).
  • Algunos sostienen que tan sólo existe una única definición válida de Dios, mientras que para otros, cabe la posibilidad de que varias definiciones de Dios sean posibles a la vez.
  • Se puede construir una explicación sobre la existencia de Dios desde la Psicología, intentando establecer qué realidad externa se corresponde con su recreación mental. Así, a partir del estudio introspectivo de la consciencia, se llegaría a la conclusión de que ésta surge asociada a la experiencia de un cierto vacío. Por tanto, el vacío cósmico, mucho más puro y prácticamente continuo, llevaría aparejada una consciencia altamente desarrollada y unitaria. Es decir: Dios. El cual se expandiría en los confines de la existencia, ejerciendo una presión hacia el interior, sobre la materia, a la que mantendría reprimida; pese a ello, no se debería decir que Dios sea malo, ya que no podría dejar de expandirse, de perfeccionarse. Y puesto que nosotros sí somos capaces de contrastar las realidades más diversas, nuestro deber moral es suplir la falta de piedad de Dios y, a costa suya, aumentar el espacio disponible para la materia que nos rodea, elevar su nivel de consciencia.

Humildad

Julio 15, 2008

La humildad es una cualidad o característica que es atribuida a toda persona que se considere un ser pequeño e insignificante frente a lo trascendente de su existencia o a Dios según si se habla en términos teológicos. Una persona humilde generalmente ha de ser modesta y vivir sin mayores pretensiones: alguien que no piensa que él o ella es mejor o más importante que otros.

El concepto de la humildad en varias confesiones es a menudo mucho más exacto y extenso. La humildad no debe ser confundida con la humillación, que es el acto de hacer experimentar en algún otro o en uno mismo una avergonzante sensación, y que es algo totalmente diferente.

Desde la perspectiva de la evolución espiritual, la humildad es una virtud de realismo, pues consiste en ser conscientes de nuestras limitaciones e insuficiencias y en actuar de acuerdo con tal conciencia. Más exactamente, la humildad es la sabiduría de lo que somos. Es decir, es la sabiduría de aceptar nuestro nivel real evolutivo.

Humildad: La virtud moral por la que el hombre reconoce que de si mismo solo tiene la nada y el pecado. Todo es un don de Dios de quien todos dependemos y a quien se debe toda la gloria. El hombre humilde no aspira a la grandeza personal que el mundo admira porque ha descubierto que ser hijo de Dios es un valor muy superior. Va tras otros tesoros. No está en competencia. Se ve a sí mismo y al prójimo ante Dios. Es así libre para estimar y dedicarse al amor y al servicio sin desviarse en juicios que no le pertenecen. 

La humildad no solo se opone al orgullo sino también a la auto abyección (auto humillación) en la que se dejaría de reconocer los dones de Dios y la responsabilidad de ejercitarlos según su voluntad.

La humildad es la verdad” -Santa Teresa de Avila.
El humilde ve las cosas como son, lo bueno como bueno, lo malo como malo. En la medida en que un hombre es más humilde crece una visión mas correcta de la realidad.

 

 

 

 

 

"El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas." -San Francisco de Sales, 1567

 


Mejorar la autoestima

Junio 7, 2008

Una clave para alcanzar la felicidad

Elegir y descartar, eso es el vivir. Con acierto al escoger o al desechar se pone en juego una buena parte de ese futuro que a cada uno nos corresponde construir. Parafraseando una conocida canción podríamos decir que la vida es una barca con dos remos en la mar: uno lo llevan mis manos, otro lo lleva . el azar. O el destino, o la Providencia amorosa de Dios. ¡Qué diferencia en la calidad del vivir según las manos que llevan ese … otro remo de nuestra barca!

La puerta de la felicidad se abre para fuera-, afirmaba Victor Frankl recordando a Kierkegaard. Por eso es propio de nuestro vivir el buscar la felicidad con la mirada puesta en el espíritu de servicio, en nuestra aportación a los demás. Pero, como nadie da lo que no tiene, es preciso poner empeño en el buen rendimiento de nuestros talentos, en lograr rendir las cuentas con la plusvalía que justamente les corresponde.

Hace ya bastantes años, celebraba un buen rato de tertulia en el Colegio Mayor Universitario Guadaira, de Sevilla, Rafael “el Gallo”, maestro en el toreo, nos transmitía, sentenciando, pinceladas de sabiduría. La conversación desembocó en el ámbito de la felicidad y en un momento de intimidad el maestro afirmó: Se es feliz cuando se es aquello para lo que se ha nacido. He ahí una definición profunda y asequible de lo que es la vocacional personal. Ustedes posiblemente sepan que fue “el Gallo” quien, cuando le presentaron al joven Ortega y Gasset como filósofo, pronunció aquella frase famosa: Hay gente pa to. Es cierto, estamos gente pa to, pero no deja de ser curioso que “el Gallo” en su sabiduría, en su experiencia, en aquella tertulia con su frase, Se es feliz …, enlazaba con la tradición clásica a la que tanto provecho sacó Ortega: el principio pindárico: Llega a ser el que eres, es decir, el que estás llamado a ser.

Cuánto importa saber de dónde venimos y adónde vamos. Es necesario para conocer nuestra posición actual y así, con destino y meta previstos, trazar nuestro itinerario, al menos en la parte que nos corresponde y que de nosotros depende. Punto de partida, meta e itinerario constituyen toda una necesidad vital.

¡Conócete a ti mismo!

Mi amigo Antonio es una persona muy ordenada y meticulosa. Siempre que adquiere un utensilio o aparato va en directo a las instrucciones. A veces ha de buscar entre mil idiomas o las encuentra con una infame traducción al castellano. Aún así las lee y relee con entusiasmo. Y es que valora sobremanera aquello que adquirió y su buen funcionamiento. También le he visto emplear horas y horas en torno a una agenda electrónica que le regalaron por Reyes. Su mujer es todo lo contrario, piensa que todo es fácil y asequible y se lanza con el coche nuevo, la cámara digital de fotos o lo que le echen. Y yo me digo que como no cambien habrá serios problemas de convivencia.

¡Pues más que cualquier electrodoméstico o aparatito valemos personalmente nosotros! Y con frecuencia no nos damos cuenta, no nos percatamos de esa imponente verdad.

¡Cuánta razón tenían los griegos al colocar en el dintel del templo de Delfos la leyenda Conócete a ti mismo! Quizás habría que colocarla en la mesa de despacho de cada uno o sobre la puerta del dormitorio. Eso sí, para aplicación personal y no para dar con el codo a quien nos acompañe y animarle a que se lo aplique él.

En la vida funcionamos con el capital que pensamos tener más que con el que realmente contamos. De ahí la necesidad básica de saber quiénes somos, de dónde venimos, a dónde vamos y dónde nos encontramos.

Hay que entrar en la propia vida, poder madurar profundizando en nosotros mismos, hemos de buscar luces para que, llegando desde fuera, nos permitan conocer nuestra propia intimidad. Sólo así cabrá la coherencia y la unidad de vida capaz de propiciar felicidad. La madurez conlleva un mayor y mejor conocimiento, una más plena conciencia desde nuestro yo real de las circunstancias que nos integran, condicionan y enriquecen.

La forja de la Autoestima

A lo largo de la historia la consideración de la propia estima ha contado con periodos de más o menos valoración. El término autoestima es reciente, aún no aparece en los diccionarios. Pero la literatura en torno a la autoestima desborda revistas, conferencias, librerías y un gran espacio en Internet. Conceptualmente es un término subjetivo, a fin de cuentas. Es la apreciación que cada uno tiene de sí mismo y de sus capacidades.

La correcta autoestima es condición de felicidad porque es el filtro que media entre nosotros y la realidad. Una incorrecta y baja autoestima desvirtúa nuestra realidad, se ensaña en los puntos débiles e ignora los que nos enriquecen. Ya podemos triunfar limpiamente en cualquier lid que ese logro será minusvalorado con diversas y poco objetivas razones. En estas condiciones nada nos satisface, aunque todo el mundo nos aprecie, nos halague y estimule, todo nos parecerá una comedia. Y es que falla “la caja de resonancia” en nuestro yo, los estímulos que llegan a la inteligencia y a la afectividad pierden su sonoridad y su fuerza, carecen del necesario refuerzo positivo en nuestro cerebro.

Hay un rasgo muy extendido entre las personas con baja autoestima: el temor exagerado a equivocarse, el pensar que se derivan grandes perjuicios si yerran, el miedo a defraudar las expectativas de los padres -con más frecuencia del padre-, de los jefes, de las figuras que le son relevantes. Así surge una actitud envarada que reduce rendimientos, bloquea y anula buena parte de la propia calidad de vida.

Hemos de aprender a pedir perdón. Sin que se nos caigan los anillos. ¡Cómo engrandece -ante Dios y ante los hombres-, cómo abre las puertas de la confianza y la amistad, del entendimiento y de la escucha, el saber pedir perdón oportunamente! Hay que saber alimentarse de la fuerza sanadora del perdón en quien lo pide y en quien lo otorga.

Siempre es hora de rectificar. Basta tener la humildad de reconocer el descamino, la debilidad o la ignorancia y rectificar “cantando” aquello que aprendimos con aires mexicanos:

Una piedra en el camino
me enseñó que mi destino
era rodar y rodar.
Pero me dijo un arriero:
no hay que llegar el primero,
que lo que importa es llegar

¡Así sabía escuchar Momo!

¡Qué gran cualidad la de saber escuchar! Desde que leí Momo, de Michael Ende, le tengo envidia a la buena escucha de la protagonista. Una chiquilla de pueblo, sencilla y muy normal, pero que escuchaba de maravilla.

Momo ayudaba a todos, para todos tenía un consejo, un consuelo, un estímulo, una alegría, . ¿Acaso por su inteligencia, sus dotes artísticas, sus estudios, su magia o su encantamiento? No, en absoluto. Lo que la pequeña Momo sabía hacer como nadie era escuchar. Eso no es nada especial. Diríamos que cualquiera sabe escuchar.

Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad. Y la manera en que sabía escuchar Momo era única. Así queda descrita en el texto:

Lo hacía de tal manera, que a la gente tonta, se le ocurrían, de repente, ideas muy inteligentes, y eso sólo porque escuchaba con toda atención y simpatía.

Sabía escuchar de tal manera que la gente perpleja o indecisa sabía muy bien, de repente, qué era lo que quería.

Los tímidos se sentían de súbito muy libres y valerosos. O los desgraciados y agobiados se volvían confiados y alegres y si alguien creía que su vida estaba totalmente perdida, que era insignificante y que él mismo no era más que uno entre millones y que no importaba nada a nadie y que se le podía sustituir con la misma facilidad que se cambian una maceta rota, pues si iba y le contaba todo esto a la pequeña Momo, le resultaba claro, de modo misterioso mientras hablaba, que tal como era, sólo había uno entre los hombres, y que, por eso mismo era importante a su manera, para el mundo.

.¡Así sabía escuchar Momo!

¡Qué gran regalo haríamos a la humanidad aprendiendo a escuchar mejor! ¡Qué elevado crecimiento en la Autoestima propicia la buena y gustosa escucha! Escuchando se enseña mucho, se aprende mucho y se evitan muchos problemas de comunicación.

Al maestro le gusta… ¡que le quieran!

Volaba en un avión de Madrid a Pamplona. Estaba embebido en los periódicos que la azafata había repartido poco antes. Un premio Nobel habla de su vida, destacaba un titular de prensa nacional. Su infancia -bastante dura y triste- plena de desafecto familiar había transcurrido en los pobres campos lusitanos. Y en un recuadro una pregunta del redactor, directa y clara, a la joven compañera del escritor: -¿Y qué le gusta al maestro?

La respuesta se traslucía rápida y plena de sencillez: -¿Al maestro? Pues al maestro le gusta lo que a todo el mundo: ¡que le quieran!

También fue inmediata mi reacción. Anoté -recuerdo que con “boli verde”- en los bordes de las páginas del diario: En efecto, que nos quieran. Pero ¿a quién se quiere? ¿A quién es más fácil y asequible querer? Pues ¡a quién es amable! A quien facilita el que se le quiera. Dicho con mayor explicitud, a quien ama. Amar es, sin duda, el mejor y más seguro modo de resultar amables, de inducir al amor.

El corazón del hombre -y el de la mujer quizás más- está hecho para amar. Y cuanto más ama y más alto y noble es el amor ejercitado mayor es la autorealización y la felicidad que la embarga.

Pero no hay amor de un “yo” sin un “tú” correspondiente. De ahí que el amor reclame reciprocidad y que el verbo amar haya de conjugarse forzosamente en activa y en pasiva. El amor es libre, voluntario, gratuito. No cabe en él la exigencia. De ahí también la grave afectación de nuestra Autoestima cuando exigimos cariño. ¡Qué diferente es desear ser querido y dejarse querer, a ir mendigando por doquier “limosna de amores”!. Esto suele generar frustración y deterioro de nuestra Autoestima.

Quien a Dios tiene, nada le falta

Mientras disfrutábamos de la sevillana brisa primaveral hace unos meses, me resultó novedosa, siendo obvia, la afirmación de mi admirado amigo José Antonio, Psiquiatra psicoanalista en New York: -La base fundamental de la Autoestima está en el conocimiento y valoración de nuestro ser hijos de Dios. Con esta conciencia bien desplegada, -añadía- nada ni nadie puede hundir el infinito valor y la dignidad de mi vida y de mi ser.

Y más adelante, mientras disfrutábamos elucubrando en estos temas, venía a concluir: -A quien prescinde de Dios le falta la clave, la pieza maestra para entender correctamente la realidad que le circunda y que acaba volviéndosele al fin hostil, amenazante. Es algo similar a la visión del esquizofrénico que no engancha con la realidad y sufre. Y en muchos casos la salida defensiva es la evasión, la herida hacia paraísos sustitutivos, anestesiantes, como el alcohol, el sexo, el trabajo excesivo, las drogas .

Quien a Dios tiene nada le falta concluye el conocido estribillo de Santa Teresa. El texto, a modo de manuscrito está en mi consulta sobre una repisa. Me consta el bien que ha hecho en tantos corazones atribulados por el dolor que, sentados frente a mi mesa, y en un vagar expectante de su mirada, tropezaban con los versos de la Santa de Ávila.

Nada te turbe,
Nada te espante,
Dios no se muda,
La paciencia todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta

La honesta lectura que -con conciencia recta y bien formada- hagamos de las leyes propias de nuestra naturaleza, el “folleto explicativo” de nosotros mismos que la sabiduría divina ha insertado en nuestro ser, nos pone en condiciones de rendir más para tener más, poder dar más y, disfrutando del quehacer diario, continuar dando a los demás. Pero dar . ¿qué? Todo lo bueno de que somos capaces y que libremente ponemos al servicio de los demás. Ese es el modo de ser persona, de crecer y de vivir una biografía feliz y rica en las cosechas del vivir.



Respeto y Los Sentimientos

Abril 19, 2008

Los sentimientos son la respuesta física y emocional de la forma en que pensamos y reaccionamos ante los eventos de la vida diaria. Los sentimientos son naturales, no podemos evitar que sucedan. Dado que todos los individuos son diferentes, las personas responden de manera diferente a los sentimientos, algunas veces positivamente y algunas veces negativamente. Al actuar responsablemente con nuestros sentimientos, tanto en palabras como en acciones, aprendemos a respetarnos a nosotros mismos y a respetar a otros.

Es muy difícil actuar responsablemente cuando nuestras acciones son el resultado de nuestros sentimientos. Muchas veces los mitos y las afirmaciones erróneas complican nuestros sentimientos ¿Le suenan conocidos algunos de estos mitos acerca de los sentimientos?

“Sentimientos, esas tonterías sentimentales.” Es sumamente importante reconocer que los sentimientos son reales y naturales en todas las personas. Algunos de nosotros nunca admitimos que las emociones y sentimientos son parte de nuestra vida diaria. Puede ser difícil para algunos de nosotros hablar de nuestros sentimientos. Un paso importante para volvernos conscientes y crear relaciones con otros es aprender acerca de nuestros sentimientos personales. La mayoría de personas aprende a aceptar sentimientos buenos y malos.
“Los sentimientos no existen, por lo tanto nadie debe hablar de ellos.” La negación de sentimientos puede dañar las relaciones familiares y puede acumular emociones hasta llegar a comportamientos negativos sorpresivamente, tal como cuando una persona enojada golpea una mesa. Pensar que no podemos hablar con las personas que respetamos acerca de nuestros sentimientos puede causar una conmoción emocional. Hablar acerca de nuestros sentimientos con amigos y familiares puede ayudar.

En lugar de negar nuestros sentimientos, pongámosles nombres. Los sentimientos nos dicen mucho acerca de nosotros mismos, como una gráfica de información. Elaboremos una lista de “nombres para nuestros sentimientos” y pongamos esa lista en la pared o una puerta. Cada vez que un miembro de su familia se “siente” de cierta manera, escriba la palabra o dibuje una cara que mejor describa este sentimiento. De vez en cuando mientras la familia esté sentada en el comedor construya una historia usando los nombres y palabras de los sentimientos.
Empiece la historia diciendo…

Hoy me siento__________ porque_________.

Yo realmente me asusté cuando______________, así que yo_______.

Yo me sentí avergonzado cuando___________________________.

Estas actividades con toda seguridad promoverán una comunicación abierta de sentimientos y respeto con su familia.


Que son los Valores Familiares

Marzo 16, 2008

La gente habla de ellos siempre. Las librerías tienen sus estantes llenos de libros que hablan de este tema. ¿Qué son ¡Valores familiares! ?

Todos hablan acerca de valores familiares. ¿Se ha preguntado alguna vez que significan estas palabras?

Los valores familiares son fuertes creencias personales acerca de lo que es importante y lo que no es importante; lo que es bueno y lo que es malo; lo que es correcto y lo que es incorrecto. Cada familia tiene un grupo diferente de valores que tienen significado para ellos. Algunas familias incluyen honestidad y amistad como valores importantes. Otras familias eligen educación o cooperación como primera prioridad en sus valores familiares.

Muchas familias no se detienen a pensar sobre sus valores. Ellos pueden no explorar la idea de como sus valores encajan en el mundo de hoy. Sin embargo, los valores que cada familia elige, afectan…Lo que ellos hacen en su tiempo libre
La forma en que gastan su dinero
Lo que ellos comen y la manera en que se visten
La manera en que ellos se relacionan entre sí.

Los valores le dan significado y dirección a cada aspecto de la vida familiar.

La mayoría de valores se desarrollan viviendo en una familia y cultura específica. En la medida que los niños crecen y se desarrollan, ellos son expuestos a valores de otras personas en la escuela, parques y otros eventos sociales. Los niños pueden confundirse por la diferencia entre valores. Los padres necesitan hablar acerca de los valores y porqué son importantes estos aspectos particulares para toda la familia. Ellos también deben ayudar a los niños a respetar los valores de otras personas.
Los valores pueden cambiar a través de la vida. La familia sienta las bases para que los valores de los niños crezcan cuando:

  • Saben cuales son sus valores
  • Saben porqué fueron elegidos
  • Hablan de los valores con sus hijos.

Valores Familiares

Marzo 9, 2008

Los Valores familiares entre los miembros de una familia se establecen relaciones personales que entrañan afinidad de sentimientos, de afectos e intereses que se basan en el respeto mutuo de las personas.

La familia es la comunidad donde desde la infancia se enseñan los valores y el adecuado uso de la libertad. Las relaciones personales y la estabilidad familiar son los fundamentos de la libertad, de la seguridad, de la fraternidad en el seno de la sociedad. Es por esto que en la familia se inicia a la vida social.

Es en la familia donde se enseñan los primeros valores; que serán sustento a lo largo de la vida de la persona. Entre los que destacan los siguientes:La alegría:

La alegría es un valor que se siembra en primer lugar en el seno familiar. Es en el núcleo familiar donde se procura que los miembros se ayuden unos a otros en sus necesidades, en la superación de obstáculos y dificultades, así como el compartir los logros y éxitos de los demás.

En el fondo lo que se fomenta es dejar el egoísmo a un lado, buscando el bien y compartir con el otro. Cuando nos centramos en nuestras preocupaciones y no estamos dispuestos a ayudar a los que nos rodean somos egoístas. El egoísta no suele ser una persona alegre. Es en este darse a los demás miembros de la familia donde se obtiene la alegría.

La alegría no depende de las circunstancias o de las facilidades que puede presentar la vida y tampoco consiste en tener cosas. Este valor tiene su fundamento en lo profundo de la persona, no es sino la consecuencia de una vida equilibrada, de una coherencia entre lo que pensamos y lo que hacemos, el tener una mente y un cuerpo sanos.

La generosidad:

La generosidad es uno de los valores que se fomentan en la vida familiar. Entendiendo por generosidad el actuar en favor de otras personas desinteresadamente y con alegría. Hacer algo por otras personas puede traducirse de diferentes maneras, por ejemplo, dar cosas, prestar juguetes, dar tiempo para escuchar y atender a otro miembro de la familia, saludar, perdonar.

Se notará una actitud generosa en una persona que se esfuerza por hacer la vida agradable a los demás miembros de la familiar.

El respeto:

El respeto hacia los demás miembros es otro de los valores que se fomentan dentro de la familia, no sólo respeto a la persona misma, sino también a sus opiniones y sentimientos. Respeto hacia las cosas de los demás miembros, respeto a su privacidad, respeto a sus decisiones, éstas, por supuesto, adecuadas a la edad de la persona. Es en la familia donde el niño aprende que tanto él o ella como sus ideas y sentimientos merecen respeto y son valorados.

La justicia:

La justicia se fomenta en el seno de la familia al establecerse lo que corresponde a cada miembro de la misma. Recordemos que la justicia consiste en dar a cada uno lo que les corresponde. Una persona que se esfuerza constantemente por respetar los derechos de los demás y le da a cada uno lo que debe, tiene la virtud de la justicia.

La responsabilidad:

La responsabilidad supone asumir las consecuencias de los propios actos, no solo ante uno mismo sino ante los demás. Para que una persona pueda ser responsable tiene que ser consciente de sus deberes y obligaciones, es por ello, de gran importancia que los hijos tengan sus responsabilidades y obligaciones muy claras. Por ejemplo, el niño debe tener claro que es su responsabilidad la calidad y el esfuerzo en sus estudios, que debe poner el mayor trabajo y empeño en esta actividad, en beneficio propio y en respuesta a la oportunidad que le brindan sus padres.

El desarrollo de la responsabilidad en los hijos es parte del proceso educativo, esto con vistas a la participación de los hijos en la vida familiar primero, y a la vida en sociedad después, de una manera responsable y autónoma.

La lealtad:

La lealtad surge cuando se reconocen y aceptan vínculos que nos unen a otros, de tal manera que se busca fortalecer y salvaguardar dichos vínculos así como los valores que representan. La aceptación y el reconocimiento de este vínculo no se centra hacia el futuro, como una posibilidad, sino que es una realidad actual. Este vínculo no pasa con el tiempo, es profundo, suele madurar y fortalecerse a la larga.

Es en la familia donde surgen y se fortalecen este tipo de vínculos, por ejemplo, un niño pequeño aprende a ser leal al esforzarse por ayudar a los demás, al procurar hacer todo lo que pueda para cumplir con lo que sus padres le dicen que es bueno. Se muestra lealtad entre los hermanos al apoyarse, defenderse y ayudarse ante las dificultades, ante la amenaza de personas o circunstancias ajenas a la familia.

Conviene aclarar que ser leal a los papás, por ejemplo, no significa aprobar una conducta errónea de los mismos, sino el respetar y cuidar su buen nombre, se trata de ser sincero con ellos, además de ayudarlos a superar las dificultades.

Lo mismo ocurre al ser leal a la patria, esto no supone ocultar o negar los males y deficiencias que en ella puedan existir, sino el proteger, reforzar y participar en la vivencia de los valores de la misma.

La autoestima:

La autoestima es uno de los valores fundamentales para el ser humano maduro, equilibrado y sano. Este valor tiene sus raíces y fundamentos en el núcleo familiar.

Se entiende por autoestima la visión más profunda que cada persona tiene de sí misma, influye de modo decisivo en las elecciones y en la toma de decisiones, en consecuencia conforma el tipo de vida, las actividades y los valores que elegimos.

Desde niños vamos construyendo el concepto de nosotros mismos de acuerdo a los mensajes recibidos de nuestros padres, hermanos, familiares, amigos y maestros. Es la suma de la autoconfianza, el sentimiento de nuestra valía personal y de nuestra capacidad. Ésta se basa en la variedad de pensamientos, sentimientos, experiencias y sensaciones que hemos ido acumulando a lo largo de nuestra vida, pero principalmente a lo largo de nuestra infancia y adolescencia.

Si queremos construir una personalidad fuerte y equilibrada, es de vital importancia que como padres hagamos sentir a nuestros hijos que son dignos de ser queridos con un amor incondicional, es decir, no condicionado a su comportamiento, calificaciones o actitudes.

Elevar la autoestima de nuestros hijos es de vital importancia, ya que contribuimos a que desarrolle la convicción de que es estimado y valorado, que es competente para enfrentarse a la vida con confianza y optimismo, y que es merecedor de la felicidad.


La familia, principal escenario para la educación

Marzo 2, 2008

La familia es el lugar natural de la educación. Los lazos que se crean en ella son los más fuertes y profundos. Como lo afirmó varias veces  el Papa Juan Pablo II, la persona dentro de la familia es “querida por sí misma”, “no está en función de nada ni de nadie”, “no es considerada desde el aspecto utilitario o del valor material”.

La familia es como un observatorio a todas las distancias. El comportamiento en casa es el más verdadero, mientras que en el colegio, en la calle, con otras personas -a no ser que sean muy amigas- presentamos de algún modo una apariencia.

Familia vs medios de comunicación

En la familia los padres enseñan y educan con su propia vida, con su personalidad y con su amor; transmiten virtudes y las “contagian”, a sus hijos. Sin embargo, la televisión y los demás medios de comunicación están tratando contrarrestar el papel de la familia como educador primario. Según el autor Fernando Hurtado del portal almudi.org, por culpa de los medios audiovisuales buena parte de los chicos de hoy en día se expresa del mismo modo y con el mismo argot, viste con el mismo estilo, tiene principios de razonamiento idénticos, y una visión de la sexualidad, del matrimonio y de la religión similar a la que trasmiten los medios.

De acuerdo al autor, “detrás de esta identidad de conducta en la que desaparece la creatividad personal en aras de la uniformidad, las mismas ideas llegan a todos, del mismo modo, sin aparato crítico. Lo bueno y lo malo se presenta “cocinado en la televisión”, y  es digerido y asimilado por todos. Como no se presenta otra alternativa cultural, o se presenta descalificada, casi no cabe resistencia.”.

Ante esta influencia apabulladora, la familia es la fuerza mediática para contrarrestar la influencia negativa de muchos programas televisivos.¿Qué hacer ante esta situación? Descubrir todo el potencial humano que como padres tenemos, el cual está en cosas pequeñas y en cosas grandes:

El ejemplo tiene un alcance visual. Los chicos captan los modos de ser de sus padres, aunque no sepan razonarlo; comprenden lo importante o lo relativo, las conductas buenas o reprobables; ven lo bueno de manera coherente y lo destacado en la conducta de sus padres.

En la conversación y trato se ve el amor y la ternura. Si se es amable, se enseña a los hijos la amabilidad. Ser luminosos y abiertos  en el rostro, en la mirada, en la decoración de la casa. Mostrar limpieza y elegancia de cuerpo y de vestido. Ver como un horror la deslealtad y la mentira y generar convivencia.

En la familia se enseña a rezar. De padres auténticamente amadores de Dios, proceden los hijos cristianos.

A leer y a conversar se aprende en la familia. Los ratos de tertulia, con temas determinados, en los que cada uno opina con libertad y confianza, enseñan a profundizar y a dialogar. Tantas decisiones “caseras” se deberían tomar “democráticamente”, teniendo en cuenta el gusto de todos y su opinión. Esto ayuda a que se vean los “porqués” razonados de la selección que los papás han hecho de los programas televisivos.

Mientras más costumbres propias tenga una familia, y cuanta más categoría humana alcancen las mismas, mayores lazos de cohesión se forman entre sus miembros y mejor pertrechado estará cada uno de los hijos con esas ideas-fuerza que configuran la auténtica personalidad.

Fuente: Fernando Hurtado de almudi.org